Tonada San Gregorio

Autor:
Pedro Humire Loredo
Testimonio de:
Pedro Humire Loredo

Esta canción relata la horrible situación en que fui reducido al calabozo de la Comisaría de la población San Gregorio, en la zona sur de Santiago. Esa tarde del 11 de septiembre de 1973 me encontraba en la escuela corrigiendo unas pruebas de música. Al rato sentí un golpe muy fuerte en la puerta y salí a abrir inmediatamente. Eran carabineros.

Me golpearon inmediatamente cuando les hice ver que se encontraban en una escuela. Me llovieron insultos y fui conminado a delatar a mis compañeros de trabajo que no se encontraban ahí, a lo cual me negué rotundamente. La señora María de Osan que era la presidenta del centro de apoderados y tenía autoridad plena para exigirme, dijo: “si no habla, redúzcalo capitán".

Me golpeaban duramente y me insultaban, pero yo no delaté ni hablé nunca, razón por la cual fui llevado a una camioneta con un vigilante que me apuntaba.

Una vez en la comisaría fui llevado donde un suboficial que me pidió los documentos, anotó mi nombre, me golpeó y me empujó al calabozo. Había sólo un detenido, pero al rato fueron llegando muchos más, cerca de veinte en un espacio muy estrecho.

Al llegar la noche, trajeron a otros detenidos a quienes golpearon brutalmente. Escuchaba decir a los carabineros que tenían que llevarlos a la población e indicar dónde estaba los otros "upelientos" o los dirigentes. Les incitaban a delatar a los dirigentes, mientras los golpeaban en la espalda con un pedazo de manguera que tenía un fierro en su interior.

Yo sentía que me iba a desmayar, tenía una fuerte taquicardia. Algún preso me dijo que llamara a alguno de los carabineros para informarles de mi estado, pero no lo hice. Estuvimos en esta situación hasta tres días, en el calabozo, sin comer absolutamente nada.

Al cuarto día nos sacaron a golpes al patio, donde hicieron simulacro de fusilamiento en grupo. Al entrar al calabozo, tres días antes, un carabinero me había quitado mi chalina de vicuña tejida por mi madre y sentía mucha pena al estar en el patio después del simulacro de fusilamiento.

Estuve buscando con los ojos si algún carabinero la tenía, en eso me di cuenta que el carabinero que me había detenido en la escuela dijo a otro que me golpeara sólo a mí, por la forma en que miraba. El carabinero inmensamente grande procedió a golpearme diciendo "la miraita que pegai". Yo conocí al carabinero que me detuvo en la escuela, de la época cuando vivía en Putre, al interior de Arica.

Todos los detenidos ignorábamos el destino que tendríamos. Al que pedía agua se le ordenaba recoger todos los puchos de cigarro que carabineros había botado y ahí, entre insultos, se le permitía beber de una llave.

Al caer la tarde se nos subió a un bus echados de guata. No sabíamos qué destino tendríamos. Según lo que decían en voz alta los carabineros y guardias, pasaríamos por el regimiento Tacna y luego por el Estadio Chile, pero ambos recintos estaban copados de detenidos. Finalmente nos llevaron al Estadio Nacional, donde estuvimos dos meses. Fue entonces cuando, en silencio, fue brotando para mí esta canción: Cárcel de San Gregorio.

Echaba de menos mi infancia y adolescencia en el norte, al lado de mi madre. Soñaba y recordaba los lugares en que me crié y los platos indígenas que ella cocinaba. Mi último deseo era trasladarme a como dé lugar a esos parajes del norte. De esa forma fue naciendo esta canción que no pude escribir. No hay ningún manuscrito porque éramos allanados y revisados completamente dos veces al día. No se podía escribir, sólo recordar en la memoria.


Publicado: 05 enero 2015

Pedro Humire, lanzamiento de Cantos Cautivos, Museo de la Memoria y los Derechos Humanos, enero 2015.


Cárcel de San Gregorio,
prisión oscura, triste de mí.
Sueño con mi quebrada
la serranía donde nací.

Arbolito, arbolito
quebradeñito de corazón
tráeme tus aromos
a’ura que lejos estoy de allá.

Pajarito carcelero
pajarito mensajero
llévame mi cariño
a mi madrecita que triste está.

A las cuatro de la tarde
prisionero me tomaron
cuatro soldados cobardes
a la cárcel me llevaron.

En eso llego mi madre
afligida y llorando.
No llores madre, le dije
soy hombre, voy a aguantar.

Día once de septiembre
testigo de una traición
lo más grande que han sufrido
los pobres de mi nación.