Volver a los diecisiete

Autor:
Violeta Parra
Testimonio de:
David Quintana García
Lugar y fecha:

Estuve 45 días en el centro de tortura de la Intendencia de Rancagua. Antes estuve detenido con mis hermanos en el Cuartel de Investigaciones de Rancagua.

En la Intendencia, después que pasábamos la tortura, nos dedicábamos a tomar mate, cantar, contar chistes y hacer payas.

Yo también jugaba ajedrez y tuve la suerte de estar con un compañero que era campeón nacional. Hicimos un tablero en el cemento y lo pintamos con café. Fabricamos las figuras con migas de pan.

Siempre me acuerdo de un profesor preso que cantaba “Volver a los diecisiete” de Violeta Parra.

Violeta era una de mis favoritas; varias veces fui a la Peña de los Parra. Allí compraba discos para venderlos en Caletones. Era algo que hacía por colaborar con la Violeta y difundir la música que ahí tocaban, más que por ganar dinero.

Me acuerdo que otro preso cantaba “En qué nos parecemos”, popularizada por Quilapayún.

Esas canciones se conectaban con nuestro accionar durante la Unidad Popular. Con las brigadas universitarias hacíamos mucho trabajo voluntario, en las poblaciones y los campos. También presentábamos obras de teatro. Yo siempre actuaba.

Cuando estábamos detenidos, escuchar la música de la Unidad Popular nos llevaba a tiempos en que nosotros estábamos junto al pueblo. Esos recuerdos nos levantaban el ánimo.


Publicado: 06 abril 2019


Volver a los diecisiete después de vivir un siglo
es como descifrar signos sin ser sabio competente
volver a ser de repente tan frágil como un segundo
volver a sentir profundo como un niño frente a Dios,
eso es lo que siento yo en este instante fecundo.

Se va enredando enredando, como en el muro la hiedra
y va brotando, brotando como el musguito en la piedra
como el musguito en la piedra, ay sí, sí, sí.

Mi paso retrocedido, cuando el de ustedes avanza
el arco de las alianzas ha penetrado en mi nido
con todo su colorido se ha paseado por mis venas
y hasta la dura cadena con que nos ata el destino
es como un día bendecido que alumbra mi alma serena.

Se va enredando, enredando, como en el muro la hiedra
y va brotando, brotando como el musguito en la piedra
como el musguito en la piedra, ay sí, sí, sí.

Lo que puede el sentimiento no lo ha podido el saber
ni el más claro proceder ni el más ancho pensamiento
todo lo cambia el momento colmado condescendiente
nos aleja dulcemente de rencores y violencias
sólo el amor con su ciencia nos vuelve tan inocentes.

Se va enredando, enredando, como en el muro la hiedra
y va brotando, brotando como el musguito en la piedra
como el musguito en la piedra, ay sí, sí, sí.

El amor es torbellino de pureza original
hasta el feroz animal susurra su dulce trino,
retiene a los peregrinos, libera a los prisioneros,
el amor con sus esmeros, al viejo lo vuelve niño
y al malo sólo el cariño lo vuelve puro y sincero.

Se va enredando, enredando, como en el muro la hiedra
y va brotando, brotando como el musguito en la piedra
como el mus guito en la piedra, ay sí, sí, sí.

De par en par la ventana se abrió como por encanto
entró el amor con su manto como una tibia mañana
y al son de su bella diana hizo brotar el jazmín,
volando cual serafín al cielo le puso aretes
y mis años en diecisiete los convirtió el querubín.

Se va enredando, enredando, como en el muro la hiedra
y va brotando, brotando como el musguito en la piedra
como el mus guito en la piedra, ay sí, sí, sí.