La rejita

Canción de:
letra: creación colectiva; música: “Jálame la pitita” de Luis Abanto Morales (polka peruana)
Testimonio de:
Lucía Chirinos
Experiencia en:
Cárcel de Mujeres Buen Pastor, La Serena, octubre de 1973 - abril de 1974

Vamos partiendo, decían “los lagartos”, como les decíamos a los Carabineros porque visten todos de verdes. Yo miraba y miraba para que no se me olvidara nada, porque quién sabe cuántos años iba a estar detenida. Emocionada también: una se asusta. Contra el tráfico, dan la vuelta en una rueda.

Yo había leído acerca de la muerte de unos compañeros. ¿Qué piensas tú? Que te van a matar. Yo pensaba: no me voy a achicar, nada de gritar “no por favor”. Ni a mi mamá ni a mi papá le bajaba el moño. El teniente se da vuelta y dice “véndale los ojos a la señora”. Estaba hediondo a sangre, a vómito, puaj. Y como es la vanidad. Pensé: “¿Qué voy a decir antes de morir?” Tengo que decir algo que les duela. Me creía toda una Paula Jaraquemada (*).

Cuando me desnudaron me dio un ataque de llanto con hipo. “Ya, que se vista”, dijo uno. Pero llegó otro y dijo “igual nomás que se desvista, mierda. Si Allende era un degenerado éstas son todas prostitutas.” Cuando una está detenida, deja de ser persona. Matan primero, preguntan después. Así dicen los correos de las brujas. La descomposición aflora desde los cuarteles. El olor nauseabundo no se detiene, pese a la desaparición forzosa de las personas.

En el Buen Pastor, había unas compañeras que eran campesinas. No sabían leer o escribir. Lloraban las mujeres: tenían 8 o 10 hijos, botados en el campo. Y sus maridos presos o fusilados.

Las presas políticas cantábamos “La golondrina” a dos voces. Valentina Gálvez cantaba el solo y nosotras hacíamos un murmullo. Nos entreteníamos con esto. Para la Navidad las monjas nos mandaron una tortilla y nosotras les mandamos un ladrillo de vuelta. Había que hacer un discurso y cantar. Yo canté “Alfonsina y el mar”. En eso llegó el representante de la Cruz Roja Internacional. Era rubio, de ojos azules y cutis tostado. Yo lo había visto en la televisión cuando visitó Pisagua.

En el Buen Pastor había un lugar que llamábamos “el chiquero” porque las presas andaban todas sucias, en camisa de dormir o en enaguas. Todas lloraban a moco tendido. Era un desorden: los pares de zapatos eran impares. Cuando abrimos la puerta, el humo era para cortarlo con tijeras. “No pues, chiquillas”, les dije.

A alguien se le ocurrió cantar “Jálame la pitita”. Luego se cambió a “Ábreme la rejita”. Lina Maldonado y María Gómez hicieron el primer verso que decía “Yo recuerdo que de joven me encontraba / detenida por tontear / con un grupo de mujeres, buenas mozas / que sabíamos cantar.”

Después que cantamos “La rejita” en la misa, los milicos del Regimiento y el cura pedían que la repitiéramos. Se transformó en un himno, un hit.

(*) Paula Jaraquemada (1768-1851): heroína chilena de la lucha por la independencia de España.


Publicado: 25 septiembre 2016


Yo recuerdo que de joven me encontraba
detenida por tontear
con un grupo de mujeres, buenas mozas
que sabíamos cantar.
Y para hacernos la vida más Hermosa
nos poníamos a cantar
un cantito muy bonito que sonaba
como canto celestial.

Ábreme la rejita, rejita, rejita
ábreme la rejita, no me la cierres más.

Y cuando nos llevaban a la fiscalía
nos ponemos a temblar
de ver a tantos militares enojados
que  nos hacen tiritar.
Mas volviendo al Buen Pastor es otra cosa
pues podemos ya contar
con la buena de la madre “Doña Eufrasia”
que nos viene a consolar.

Ábreme la rejita, rejita, rejita
ábreme la rejita, no me la cierres más.

Si salimos de este negro atolladero
les prometemos cambiar
ayudando con el modesto trabajo
a la junta militar.
Y seremos como pájaros sin seso
sin hablar y sin pensar
para hacer esta patria más hermosa
ayudando a patrullar.