Se escucha muy lejos

Autor:
Creación colectiva
Testimonio de:
Ignacio Puelma
Lugar y fecha:

El ruido del mar lo traía el viento y traspasaba las cabañas del Campo de Prisioneros de Ritoque. Era la música cotidiana que el océano nos regalaba. Atrás habían quedado los centros de tortura, los tormentos más crueles parecían lejanos, esa percepción ayudaba a reconstruirnos. Ritoque, Puchuncaví, Tres Álamos y otros centros masivos de prisioneros eran lugares bullentes de actividad. Pese a las carencias y el hecho mismo de estar en prisión, por todos lados brotaba movimiento: cursos, artesanías, deporte, debates, ajedrez, teatro, literatura, cantos… en fin, palpitaba la vida después de las peores pesadillas vividas. Volver a ellas siempre era una posibilidad, tal es así que varios de los nuestros volvieron a centros de tortura de la DINA.

Ese mes del verano de 1975, no tan lejos, tenía lugar el Festival de la Canción de Viña del Mar. Nuestro campo, asimilable a una aldea costera, hizo lo propio. Así fue como los prisioneros organizamos el Festival de la Canción de Ritoque. Mi familia me había hecho llegar un guitarra. Improvisando, unos acordes me sonaron bien y creé con ellos una melodía. Era un material inicial. Armando, estudiante de medicina, quien era un buen guitarrista, aportó los arpegios y frases musicales con guiños al jazz. Manuel con su flauta dulce aportó un arreglo que sonaba interesante. Pedro, que bien sabía de percusión con su bongó puso el ritmo. Jaime escribió la letra de la canción. Finalmente, él y yo pusimos las voces.

“Se escucha muy lejos”, ése fue el título de la canción. La letra, la música que los instrumentos potenciaron, dieron vida a un tema musical que se apartaba de la música tradicional de la izquierda chilena de entonces. Guardando todas las distancias, nuestro tema era más próximo a la vanguardia que entonces tenía por exponentes a Los Blops o Los Jaivas. El grupo que formamos necesitaba un nombre, se lo tomamos prestado a una estrella de la constelación de Orión que brillaba imponente en el Ecuador celeste esas noches estivales. El grupo ya tenía nombre: Bellatrix.

Cuando llegó el día, ya frente al público, esta música sonó innovadora. Cuando finalizamos nuestro turno de presentación, el aplauso masivo y el Jurado decidieron que “Se escucha muy lejos” fuera la ganadora del Género Internacional. No recuerdo bien, ¿Luis Corvalán?, pero uno de los malandras, como llamábamos a los “Jerarcas de la UP” que estaban separados de nosotros en el campo de concentración, pero que se les permitía participar de las actividades culturales, fue quien nos entregó el galardón, una medalla hecha a partir de una moneda y que exhibía la Gaviota, la de Ritoque.

Nuestro grupo continuó con temas nuevos su repertorio, entre ellos los de un poco conocido Silvio Rodríguez. Algunos días después, mientras me aseaba en el baño del Campo, un dirigente político, a quien respetaba y aún lo hago, me dijo en tono solemne: “Compañero Puelma, con esa música no se hace resistencia.” Sentí entonces que nuestro canto era cautivo, pero que despertara sospecha revelaba que además era cautivante.


Publicado: 04 octubre 2015

Grabación realizada en 2015 por Ignacio Puelma (piano) y familia. Dibujo de Miguel Lawner, 1975.


Voy a cantarle al aire, pero está en una burbuja
de gruesas paredes, alambres y rejas.
Quisiera cantarle a los niños que corren y duermen
que botan riendo castillos de arena.

Siempre hay un quisiera que intenta volar,
siempre una burbuja para encadenarlo.
Dos voces quisieran cantarle a la vida
es sólo quisieran, no pueden poder.
Se escucha a lo lejos el rumor de un niño,
el clamor de un sueño, se escucha a lo lejos.

Queda la esperanza, un beso caliente
en medio de abismos, dolor y sudor
quedan los recuerdos, pálida sonrisa
en medio de voces que mandan callar
son muchos quisieran, tanta la esperanza
tantos los temores, los besos al aire
que un grito muy ronco, de muchas gargantas
rompe las burbujas, surca los espacios.

Se escucha a lo lejos, el grito y los niños
se escucha muy lejos
el ruido del sueño, se escucha muy lejos.