Volver a los diecisiete

Autor:
Violeta Parra
Testimonio de:
Gabriela Durand

Tenía 18 años. Había sido torturada en la parrilla ya varias veces. Un día estaba junto a otros compañeros detenidos, y como a veces sucedía, los guardias pusieron música. Los tipos ponían radio, ponían música de variedades de la época; para nosotros, jóvenes, era medio cebollera, pero igual nos encantaba, era un alivio. Estábamos siempre en silencio absoluto.

A veces llegaba una guardia que prendía la radio, conversaban, se oía la música. Si había noticias cambiaban de emisora. Cuando venían a vernos de repente ponían la radio súper fuerte, y a veces bajito, según el guardia. Había uno que tenía esa especialidad, de joderte y ponerte la radio fuerte, la bajaba, la subía, cantaba él también. Nos daba risa pero sabíamos que era una manera de demostrar su poder.

Yo estaba sentada, esposada, y en un momento pasa la canción “Volver a los diecisiete”, no sé si fue en la radio o en disco. Un guardia me vino a buscar, me sacó y me dijo “mira lola, escucha esta canción, es de ustedes, de los revolucionarios, a ver, ¡canta!” Yo le dije que no sabía cantar y él me dijo “sí sabes, cántale a tus compañeros que están jodidos.”

Yo no quería cantar, me daba vergüenza. A mí siempre me habían dicho que no sabía cantar, que era desafinada. Estaba parada, entre muerta de susto y de vergüenza, intimidada total. Empecé a mirar bajo la venda y ahí reconocí a Carlos, un compañero que acababa de ser traído. Sólo veía sus pies, las manos y el puño de la chaqueta. Ahí me puse a cantar. Fue como que me entregué a la música, al mismo tiempo con mucha rabia de que me hicieran hacer eso. Era humillante pero me reconfortó, lo tomé por ese lado y me puse a cantar.

Pensaba en Carlos y en los otros compañeros que estaban detenidos allí, a los que les veía sólo los pies. Me dije que le cantaba a él, y que me iba a olvidar de todo lo que estaba pasando. Con esa mezcla de miedo, de preguntarse qué va a pasar si no cantas, y de temor de desafinar, de cómo vas a sacar la voz, de no saber si te van a retar, y de todos modos sabiendo que se están riendo de ti, el miedo al ridículo; es como una tortura, intensa.

Por momentos bajaban el volumen y lo volvían a subir mientras yo seguía cantando, como haciendo un juego. Y cuando terminé el guardia me aplaudió diciendo “que cantái bien lola”. Yo sabía que no era cierto. Después me mandó a sentarme. “Que cantái mal, lola”, “no, si cantái bien”, molestándome todo el rato.

Esa fue una de las tantas humillaciones. Fue muy corta pero las sensaciones fueron fuertes. Cuando el recuerdo aflora después de haberlo olvidado, sé que en un momento logré apropiarme de la canción, como que me vino a salvar, se creó algo entre la canción y yo, y lo que estaba pasando, tomarlo de otra manera, ya que ellos lo hacían para humillarte, para que te sintieras mal.

Y que tocara justo esa canción, “Volver a los diecisiete” era como volver a la época de la Unidad Popular. Lo hacían para traumatizarte. Pero no lo lograron tanto, porque cuando canté, estaba con ese temblor, esa humillación, pero pensé en él, y de repente hasta me lograba olvidar de que estaba cantando porque ellos me lo habían pedido, hasta me inspiré en un momento.


Publicado: 01 septiembre 2015


Volver a los diecisiete después de vivir un siglo
es como descifrar signos sin ser sabio competente
volver a ser de repente tan frágil como un segundo
volver a sentir profundo como un niño frente a Dios,
eso es lo que siento yo en este instante fecundo.

Se va enredando enredando, como en el muro la hiedra
y va brotando, brotando como el musguito en la piedra
como el musguito en la piedra, ay sí, sí, sí.

Mi paso retrocedido, cuando el de ustedes avanza
el arco de las alianzas ha penetrado en mi nido
con todo su colorido se ha paseado por mis venas
y hasta la dura cadena con que nos ata el destino
es como un día bendecido que alumbra mi alma serena.

Se va enredando, enredando, como en el muro la hiedra
y va brotando, brotando como el musguito en la piedra
como el musguito en la piedra, ay sí, sí, sí.

Lo que puede el sentimiento no lo ha podido el saber
ni el más claro proceder ni el más ancho pensamiento
todo lo cambia el momento colmado condescendiente
nos aleja dulcemente de rencores y violencias
sólo el amor con su ciencia nos vuelve tan inocentes.

Se va enredando, enredando, como en el muro la hiedra
y va brotando, brotando como el musguito en la piedra
como el musguito en la piedra, ay sí, sí, sí.

El amor es torbellino de pureza original
hasta el feroz animal susurra su dulce trino,
retiene a los peregrinos, libera a los prisioneros,
el amor con sus esmeros, al viejo lo vuelve niño
y al malo sólo el cariño lo vuelve puro y sincero.

Se va enredando, enredando, como en el muro la hiedra
y va brotando, brotando como el musguito en la piedra
como el mus guito en la piedra, ay sí, sí, sí.

De par en par la ventana se abrió como por encanto
entró el amor con su manto como una tibia mañana
y al son de su bella diana hizo brotar el jazmín,
volando cual serafín al cielo le puso aretes
y mis años en diecisiete los convirtió el querubín.

Se va enredando, enredando, como en el muro la hiedra
y va brotando, brotando como el musguito en la piedra
como el mus guito en la piedra, ay sí, sí, sí.