Historia de la silla

Autor:
Silvio Rodríguez
Testimonio de:
Eduardo Andrés Arancibia Ortiz
Lugar y fecha:
Cárcel de Santiago, 1980 - 1991

Este fue uno de los cantos que Silvio Rodríguez nos regaló el día que visitó a los presos políticos en la Cárcel Pública de Santiago en 1990. Tuve la oportunidad de agradecer en nombre de Víctor Zúñiga Arellano, preso político muerto en un intento de fuga el año 1987 en la Penitenciaría de Santiago, porque este autor era una valiosa compañía en la vida clandestina de Víctor.

También valgan los recuerdos de las visitas de Joan Manuel Serrat y el concierto que nos procuró Illapu, con todo despliegue técnico. También en mi larga prisión conocí una cantata de los presos políticos, anécdotas de resistencia ante las prohibiciones reiteradas de nuestros cantos subversivos.


Publicado: 05 enero 2015


En el borde del camino hay una silla,
la rapiña merodea aquel lugar.
La casaca del amigo está tendida,
el amigo no se sienta a descansar.
Sus zapatos, de gastados, son espejos
que le quema la garganta con el sol.
Y a través de su cansancio pasa un viejo
que le seca con la sombra el sudor.

En la punta del amor viaja el amigo,
en la punta más aguda que hay que ver.
Esa punta que lo mismo cava en tierra
que en las ruinas, que en un rastro de mujer.
Es por eso que es soldado y es amante,
es por eso que es madera y es metal.
Es por eso que lo mismo siembra rosas
que razones de bandera y arsenal.

El que tenga una canción tendrá tormenta,
el que tenga compañía, soledad.
El que siga un buen camino tendrá sillas
peligrosas que lo inviten a parar.
Pero vale la canción buena tormenta
y la compañía vale soledad.
Siempre vale la agonía de la prisa,
aunque se llene de sillas la verdad.