Palabras para Julia

Canción de:
José Agustín Goytisolo (letra) y Paco Ibáñez (música)
Testimonio de:
Amelia Negrón
Experiencia en:
Campamento de Prisioneros, Tres Álamos, 1975 y 1976, hasta el cierre de Tres Álamos el 28 de noviembre de 1976

Éramos muchas. A pesar de las circunstancias habíamos logrado inventar nuestro propio mundo, con nuestras reglas, de acuerdo a lo que pensábamos y queríamos para nosotras, nuestras familias y el pueblo de Chile entero. Ambiciosas, podría pensarse, y sí, lo éramos. La mayoría lo seguimos siendo y seguramente así seremos hasta el final.

Fue así como creamos, tras una y otra idea, una experiencia con otra y, muchas, muchas ganas, la forma de sustentarnos sin depender de nadie. La mayoría tampoco teníamos de quién y la situación afuera era variable, de bien a más o menos, de más o menos a mal, de mal en peor y también de súper bien a mal. A la inversa, en esos años tristes, era muy difícil, salvo que estuvieras en el otro bando. Y así nació y creció el taller en el que todas trabajábamos, al que le pusimos con gran imaginación “Taller Laboral”.

Nos habíamos organizado de tal manera que el trabajo se adecuara a las capacidades y habilidades que cada una tenía. Estaban las que bordaban como monjas y las que no, pero que le hacían empeño. Las que sabían cortar y coser, cortaban y cosían las blusas y vestidos que producíamos y luego vendíamos.

En el “Departamento Creativo” trabajaban las artistas. Ellas diseñaban los dibujos, elegían las combinaciones de colores de los hilos con que los íbamos a bordar. Y su misión no era fácil, debíamos utilizar y cuidar al máximo los recursos con los que contábamos, porque si se nos acababa un color no teníamos cómo reponerlo hasta por lo menos 15 días, entonces había que hacer una nueva combinación con los colores que más teníamos en stock, y sin apelación, las blusas y vestidos debían quedar hermosos.

Estaban también las que eran una flecha con el crochet. Ellas hacían los bordes a las blusas y vestidos, que era el toque final.

Por otro lado, también estaban las arañitas tejedoras. De sus palillos salían hermosos chalecos de lana y de hilo, con punto revés, colmena, calados, con gorro y sin gorro, con bolsillos y sin bolsillos, chalecos abiertos, chombas cerradas, cuello tortuga o escote en V, con trenzas, grecas, con colores o lisos.

Y así, todas las mañanas nos levantábamos tempranito y a la ducha fría, el desayuno rápido y a las 9 todas estábamos con la aguja, los palillos o las tijeras en ristre, cosiendo, tejiendo, bordando. Nos turnábamos para que una de nosotras leyera el diario, los artículos de los semanarios, debíamos estar informadas para hacer nuestros propios análisis, pensar en el futuro cercano y en el lejano.

Por mientras trabajábamos con ahínco, de lunes a viernes, mañana y tarde, a todo vapor. A poco andar fuimos autosuficientes. Y un poquito, muy poquito más adelante, ya empezamos a ayudar a nuestros familiares, después nos pusimos pantalones largos: logramos que muchas de nosotras pudieran mantener a las familias afuera.

Las redes solidarias nacionales e internacionales nos apoyaban a “marketear” y vender nuestros productos. Era un emprendimiento exitoso.

Como el ser humano nunca es tan estricto, en los horarios de trabajo, a falta de diarios, cantábamos. Y, poco a poco, a fuerza de repetirlas, nos íbamos aprendiendo y encariñando con las letras de las canciones.

Una de ellas dice: “La vida es bella ya verás, como a pesar de los pesares, tendrás amigos, tendrás amor, tendrás amigos. Un hombre solo, una mujer, así tomados, de uno en uno, son como polvo, no son nada, no son nada.” Y nos acordábamos, calladitas, de nuestros compañeros que, afuera, seguían luchando en las sombras contra la dictadura, cuidando sus pasos, sus palabras y sus gestos, apoyados por otros valientes, iguales a los que nos habían ayudado antes a nosotras. Y teníamos la firme esperanza, en lo más hondo de nuestro corazón, que nuestro taller no tuviera que recibir más trabajadoras. Sabíamos que en esta lucha no estábamos solas.

El taller era nuestro trabajo y nuestras blusas y vestidos flameaban, libres, en Londres, Amsterdam, Berlín, recorrían América Latina. Los pueblos solidarios del mundo se asombraban. Esos colores brillantes, esas alegres combinaciones, esos diseños hermosos, esos bordados casi perfectos, salían de las entrañas del tristemente famoso infierno llamado Tres Álamos.

Los habían confeccionado las presas políticas, se contaban entre ellos, conocían nuestros nombres, sabían de nuestra lucha, de nuestra resistencia frente a la tortura, y no podían creer que nosotras lográramos desde ese antro transmitir nuestra alegría de vivir, de seguir adelante, de gritar en silencio aquí estamos, aquí seguimos. Así es que compraban, compraban para ellas, para regalarles a sus hijas, amigas y madres.

Mientras tanto, nosotras seguíamos, en el centro del vientre de la bestia, bordando, y cantando nuestra canción que, luego, muy luego, se convirtió en nuestro himno: “Otros esperan que resistas, que les ayude tu alegría, que les ayude tu canción, entre sus canciones. Nunca te entregues, ni te apartes, junto al camino, nunca digas no puedo más y aquí me quedo, y aquí me quedo.”


Publicado: 10 febrero 2015

Coro de ex presos políticos Voces de la Rebeldía, lanzamiento de Cantos Cautivos, Museo de la Memoria y los Derechos Humanos, 2015.


Tú no puedes volver atrás,
porque la vida ya te empuja,
como un aullido interminable,
interminable.

Te sentirás acorralada,
te sentirás, perdida o sola,
tal vez querrás no haber nacido,
no haber nacido.

Pero tú siempre acuérdate
de lo que un día yo escribí
pensando en ti, pensando en ti,
como ahora pienso.

La vida es bella ya verás,
como a pesar de los pesares,
tendrás amigos, tendrás amor,
tendrás amigos.

Un hombre solo, una mujer,
así tomados, de uno en uno,
son como polvo, no son nada,
no son nada.

Entonces siempre acuérdate,
de lo que un día yo escribí,
pensando en ti, pensando en ti,
como ahora pienso.

Nunca te entregues, ni te apartes,
junto al camino, nunca digas
no puedo más y aquí me quedo,
y aquí me quedo.

Otros esperan que resistas,
que les ayude tu alegría,
que les ayude tu canción,
entre sus canciones.

Entonces siempre acuérdate
de lo que un día yo escribí,
pensando en ti, pensando en ti,
como ahora pienso.

La vida es bella ya verás,
como a pesar de los pesares,
tendrás amigos, tendrás amor,
tendrás amigos.

No sé decirte nada más,
pero tú debes comprender,
que yo aun estoy en el camino,
en el camino.

Pero tú siempre acuérdate
de lo que un día yo escribí,
pensando en ti, pensando en ti,
como ahora pienso.