Zamba para no morir

Autor:
Hamlet Lima Quintana
Testimonio de:
Ana María Jiménez
Lugar y fecha:
Villa Grimaldi, Abril 1975

Quiero hacer un recuerdo de una noche en Villa Grimaldi.

Llovía a cántaros, cuando nos sacaron hasta los baños que estaban en el patio. La guardia que nos llevaba, una mujer siniestra y cruel, preguntó cuál de nosotras era la que estudiaba Música. Yo me identifiqué. Ella dijo:

-Estamos aburridos aquí. Así es que vai a cantar para entretenernos.

Pese al miedo que sentía, decidí que mi pequeño acto de rebeldía sería no cantar, no permitir que me saliera la voz. Además, pensé que realmente no iba a poder.

-Ah, te vai a hacer de rogar. Aquí se quedan todas entonces hasta que te decidai a cantar, así toman un poquito el fresco.

En ese momento  me pregunté si sería justo tener a todas mis compañeras mojándose por mi digna tozudez. Pero no tuve que pensarlo: entre nosotras estaba la periodista Gladys Díaz, militante del MIR, y en susurros me dijo:

-Canta, Chica. En la torre está agonizando el yugoslavo, no creemos que pase de hoy. Tu canto lo va a ayudar.

Y cuando la guardia volvió sin decir nada empecé a cantar “Zamba para no morir”, la canción que canta Mercedes Sosa. Nunca he tenido una gran voz. Sólo afinada. Pero no sé de dónde saqué fuerzas y empecé a cantar con voz rajada:

"Romperá la tarde mi voz  hasta el eco de ayer/  Voy quedándome solo al final/ Muerto de sed, harto de andar/ Pero sigo creciendo en el sol, nuevo..."

Allí la guardia me paró y me dijo que no me pasara con cancioncitas políticas. Que cantara una cumbia o una de Roberto Carlos. Me quedé muda. Y entonces nos llevaron de vuelta a las celdas, pero antes de entrar me dijo: “Aquí te quedai, por porfiada”. En el patio estuve un largo tiempo. Tenía miedo, frío, pero sentía que había hecho un mínimo acto de resistencia y eso me ayudó.

Después nos enteramos que efectivamente el yugoslavo murió esa noche. Ojalá que el canto, la música con su poder maravilloso, le haya hecho llegar nuestra fuerza y haya partido más tranquilo.

Cedomil Lausic, querido compañero, hasta siempre.

Víctimas recordadas en este testimonio:


Publicado: 15 diciembre 2014


Romperá la tarde mi voz
hasta el eco de ayer.
Voy quedándome solo al final
muerto de sed, harto de andar
pero sigo creciendo en el sol, vivo.

Era el tiempo viejo, la flor,
la madera frutal,
luego el hacha se puso a golpear,
verse caer, sólo rodar
pero el árbol reverdecerá, nuevo.

Al quemarse en el cielo la luz del día, me voy
con el cuero asombrado me iré
ronco al gritar que volveré
repartido en el aire a cantar, siempre.

Mi razón no pide piedad
se dispone a partir.
No me asusta la muerte ritual
sólo dormir, verme borrar
una historia me recordará, vivo.

Veo el campo, el fruto, la miel
y estas ganas de amar.
No me puede el olvido vencer
hoy como ayer, siempre llegar
en el hijo se puede volver, nuevo.