15 resultados se encontraron para «Carlos Muñoz»


El barco de papel

Canción de:
Julio Numhauser, popularizada por el grupo Amerindios.
Testimonio de:
Carlos Muñoz
Experiencia en:
« Una de las canciones más importantes en los campos de detención. Imposible contar cuántas veces la cantamos. Cada vez que alguien salía en libertad desde uno de los campos de detención o había suficiente información de que sería enviado al exilio, un coro gigante cantaba esta canción en un poderoso unísono. Nadie lo podría olvidar. Especialmente relevante en Tres Álamos ya que era el campo ‘de salida’. »
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« Carlos Muñoz »
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Coplas de El Yopo

Canción de:
Desconocido. Canción tradicional venezolana. Popularizada en Chile por Isabel y Ángel Parra
Testimonio de:
Carlos Muñoz
Experiencia en:
« Esta canción era interpretada con mucha pasión por un compañero de apellido Saavedra (si recuerdo bien). En típica tradición de la cultura popular esto le valió el sobrenombre de ‘El Yopo’ (también ‘chopo’). El tema era conocido en Chile, interpretado por Ángel e Isabel Parra, con nombres  como “Décimas del folklore venezolano” o “Coplas Venezolanas”. Esta fue una de las canciones más populares. Se interpretaba en muchos de nuestros eventos musicales. También se cantaba en Ritoque y Puchuncaví. »
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« Carlos Muñoz »
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La Sudestada

Canción de:
desconocido
Testimonio de:
Luis Alfredo Muñoz González
Experiencia en:
« Estando aislado en Cuatro Álamos, un día noté que había una sala grande al fondo del pasillo y que los “dinos” la habían llenado de prisioneros de un día para otro. Al caer el día, estos compañeros armaban una gran “chimuchina”: conversando, intercambiando información, preguntando y cantando. Era una actividad frenética de solidaridad, apoyo, valentía y calidez. »
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« Luis Alfredo Muñoz González »
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Casida de las palomas oscuras

Canción de:
Federico García Lorca (letra), Paco Ibáñez (música)
Testimonio de:
Luis Alfredo Muñoz González
Experiencia en:
« Los científicos dicen que el lugar de la memoria y el procesamiento de la música del cerebro se ubica en la parte ancestral y profunda de éste, donde es celosamente guardada. Quizás es por eso que cuando ya nos han destruido el cuerpo hasta las entrañas, cuando ya nada nos queda más que los ojos turbios de la muerte, la música y la canción aparecen. Se apresura hacia las cuerdas vocales, la lengua y los labios. »
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« Luis Alfredo Muñoz González »
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Himno guerrillero

Canción de:
Desconocido. Melodía rusa. Durante la época de la Revolución Rusa, surgieron varias letras con distintos contenidos ideológicos. Esta versión se basa en "Makhnovtchina", atribuida a Nestor Makhno, revolucionario anarquista ucraniano.
Testimonio de:
Julio Laks Feller
Experiencia en:
« A fines de septiembre de 1974, en el centro de torturas de José Domingo Cañas, se elevó despacito pero con una potencia sobrecogedora el himno de los partisanos soviéticos. Estaban torturando nuevamente a nuestro camarada y entrañable amigo Sergio Pérez Molina, dirigente del MIR, caído hacía unos días en las manos de la DINA. Lo habíamos visto ya desfigurado por los golpes y le aplicaban electricidad incluso en una herida de bala recibida en el momento de su arresto. Moren Brito se había vanagloriado de haberle pasado una camioneta sobre su cuerpo. »
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« Pérez, Carlos »
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Un millón de amigos

Canción de:
Roberto Carlos
Testimonio de:
Pedro Mella Contreras
Experiencia en:
« Me detuvieron cuando tenía 32 años, junto con aproximadamente veintitrés personas. »
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« Roberto Carlos »
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Sombras

Canción de:
Rosario Sansores y Carlos Brito Benavides. Popularizada en Chile por Lucho Barrios.
Testimonio de:
Juan Carlos de Luján Peralta Aranguiz
« Llegué a este lugar procesado como prisionero de guerra, con dieciséis años de edad. »
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« Rosario Sansores y Carlos Brito Benavides. Popularizada en Chile por Lucho Barrios. »
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We Shall Overcome

Canción de:
Atribuida a Charles Albert Tindley
Testimonio de:
Alfonso Padilla Silva
Experiencia en:
« Cuando se cerró el campo de concentración que funcionó casi cinco meses en el Estadio Regional de Concepción, a comienzos de febrero de 1974, varios cientos de presos políticos fuimos trasladados a la Cárcel de Concepción, una de cuyas alas se transformó en campo de concentración. El 19 de febrero de ese año, comenzó el proceso ante un tribunal militar y unos siete u ocho compañeros pasamos a la Cárcel propiamente tal. »
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« En esa ocasión nuestro recientemente formado grupo musical (sin nombre) presentó el siguiente programa: “Soy del pueblo”, de Carlos Puebla; “El aparecido”, de Víctor Jara; “Los pueblos americanos”, de Violeta Parra; “Vamos a Serchil”, de Leopoldo Ramírez (Guatemala); “Del Norte vengo, Maruca”, de Ángel Parra (aunque otras fuentes dicen que es de su madre); “Villancico nortino” (tradicional); y, finalmente “We shall overcome”,  nacida entre los años 50 y 60 en Estados Unidos, en los marcos del movimiento de los afroamericanos por sus derechos civiles. En la Cárcel la conocimos en versión de Joan Báez. La cantamos en inglés y, por cierto, explicamos su contenido y significado. »
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Zamba para no morir

Canción de:
Hamlet Lima Quintana
Testimonio de:
Ana María Jiménez
Experiencia en:
Villa Grimaldi, Abril 1975
« Quiero hacer un recuerdo de una noche en Villa Grimaldi. »
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« Allí la guardia me paró y me dijo que no me pasara con cancioncitas políticas. Que cantara una cumbia o una de Roberto Carlos. Me quedé muda. Y entonces nos llevaron de vuelta a las celdas, pero antes de entrar me dijo: “Aquí te quedai, por porfiada”. En el patio estuve un largo tiempo. Tenía miedo, frío, pero sentía que había hecho un mínimo acto de resistencia y eso me ayudó. »
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Volver a los diecisiete

Canción de:
Violeta Parra
Testimonio de:
Gabriela Durand
« Tenía 18 años. Había sido torturada en la parrilla ya varias veces. Un día estaba junto a otros compañeros detenidos, y como a veces sucedía, los guardias pusieron música. Los tipos ponían radio, ponían música de variedades de la época; para nosotros, jóvenes, era medio cebollera, pero igual nos encantaba, era un alivio. Estábamos siempre en silencio absoluto. »
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« Yo no quería cantar, me daba vergüenza. A mí siempre me habían dicho que no sabía cantar, que era desafinada. Estaba parada, entre muerta de susto y de vergüenza, intimidada total. Empecé a mirar bajo la venda y ahí reconocí a Carlos, un compañero que acababa de ser traído. Sólo veía sus pies, las manos y el puño de la chaqueta. Ahí me puse a cantar. Fue como que me entregué a la música, al mismo tiempo con mucha rabia de que me hicieran hacer eso. Era humillante pero me reconfortó, lo tomé por ese lado y me puse a cantar. »
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